MIRA EN TU JARDÍN


MIRA en tu jardín las rosas entreabiertas, y nunca los pétalos caídos...
OBSERVA en tu camino la distancia vencida y nunca lo que falte todavía...
GUARDA de tu mirar los brillos de alegría y nunca las nieblas de tristezas...
RETÉN de tu voz carcajadas y canciones y nunca los gemidos dolorosos...
CONSERVA en tus oídos las palabras de amor y nunca las de odio...
GRABA en tus pupilas el nacer de las auroras y nunca tus ponientes lastimosos...
CONSERVA en tu rostro las líneas de las sonrisas y nunca los surcos de tu llanto...
CUENTA a los hombres el azul de tus primaveras y nunca las tempestades del verano...
GUARDA en tus mejillas solo las caricias disfrutadas, olvida las bofetadas recibidas...
CONSERVA de tus pies los pasos rectos y puros, olvida los caminos equivocados...
RECUERDA con placer tus escaladas, olvida las desilusiones del descenso...
RECUERDA los días en que fuiste agua limpia, olvida las horas en que te sentiste pantano...
CUENTA y muestra las medallas de tus victorias, olvida las cicatrices de las derrotas...
MIRA de frente el Sol que existe en tu vida, ignora la sombra que queda atrás...
La flor que se abre es más importante que mil pétalos caídos; Y solo un mirar de amor puede llevar consigo calor para entibiar muchos inviernos...
Sé OPTIMISTA, y no te olvides que...
En la profundidad de las noches sin luna es donde brillan mucho más las estrellas!
Que tu vida sea un jardín florido !!!

ANÓNIMO


Ejercicios de acuarela

 



 

LAMENTACIÓN DE LA MUERTE A Miguel Benítez

Pastel
Sobre el cielo negro, culebrinas amarillas.

Vine a este mundo con ojos
y me voy sin ellos.
¡Señor del mayor dolor!
Y luego,
un velón y una manta
en el suelo.

Quise llegar adonde
llegaron los buenos,
¡Y he llegado, Dios mío!...
Pero luego,
un velón y una manta
en el suelo.

Limoncito amarillo
limonero.
Echad los limoncitos
al viento.
¡Ya lo sabéis!... Porque luego,
luego,
un velón y una manta
en el suelo.

Sobre el cielo negro, culebrinas amarillas.


Acuarela y tinta

Alfabeto emocional

Acuarela
El doctor Juan Hitzig estudió durante años las características de 50 longevos saludables y concluyó que más allá de las características biológicas, el denominador común de todos ellos radicaba en sus conductas y actitudes.
“Cada pensamiento genera una emoción y cada emoción moviliza un circuito hormonal que tendrá impacto en las 5 trillones de células que forman un organismo –explica–.
Las conductas “S”: serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, promueven secreción de Serotonina,mientras que las conductas “R”: resentimiento, rabia, rencor, reproche, resistencias, represión, facilitan la secreción de coRtisol, una hormona coRRosiva para las células, que acelera el envejecimiento.
Las conductas “S” generan actitudes “A”: ánimo, amor, aprecio, amistad, acercamiento.Las conductas “R” por el contrario generan actitudes “D”: depresión, desánimo, desesperación, desolación.
Con solo aprender este simple alfabeto emocional de 4 letras: S.A.R.D. desde edades tempranas lograremos que más gente viva más tiempo y mejor, porque la “mala sangre” (mucho cortisol y poca serotonina) deterioran la salud, posibilitan la enfermedad y aceleran el envejecimiento. El buen humor, en cambio, es clave para la longevidad saludable.”
http://www.actosdeamor.com/alfabetoemocional.htm
Acuarela

El fantasma de la mujer de la nieve - cuento tradicional

Óleo s/tabla
Acuarela

En el pueblo de Hoi, una aldea de apenas once casas, todas muy pobres, vivía Kyuzaemon. Era muy pobre y doblemente desafortunado porque había perdido al mismo tiempo a su hijo y a su esposa. Llevaba una vida solitaria.
En el atardecer del día 19 de enero del tercer año de Tenpo, es decir, 1833, una tremenda tormenta de nieve se abatió sobre la zona.
Cerró las contraventanas y se instaló en casa lo más confortable que pudo. Hacia las once de la noche le despertó un ruido como de arañazos en la puerta; era un ruido muy peculiar y se oía a intervalos regulares.Kyuzaemon se incorporó en la cama, miró hacia la puerta, sin saber qué pensar de aquél ruido. Los arañazos volvieron de nuevo y con ellos la suave voz de una mujer. Pensando que pudiera ser la hija de uno de sus vecinos buscando ayuda, Kyuzaemon saltó de la cama; pero cuando llegó a la puerta sintió miedo de abrirla. Las voces y los arañazos comenzaron de nuevo justo cuando estaba junto a la puerta, y él preguntó con una voz atribulada:
-¿Quién eres tú? ¿Qué quieres?.
- ¡Abre la puerta! ¡Abre la puerta!- llegaba la voz desde fuera-. ¡Abre la puerta!.
- No, hasta que sepa quién eres tú y qué haces tan tarde en una noche como ésta.
- Pero tienes que dejarme entrar. ¿Cómo puedo seguir adelante en una noche de nieve como ésta?. No busco comida, solamente refugio.
- Lo siento; pero no tengo futones ni sitio para dormir. No es posible que te quedes en mi casa.
- No quiero futones ni sitio para dormir, solamente refugio,- suplicó la voz.
- No puedo dejarte entrar de ninguna manera, -grito Kyuzaemon. -Es demasiado tarde y va contra las costumbres y la ley.
Dicho esto, Kyuzaemon aseguró la puerta con una fuerte barra madera, sin haberse atrevido siquiera a abrir un resquicio de la puerta para ver quién podía ser su visitante. Cuando volvía hacia la cama sintió un escalofrío al contemplar a su lado la figura de una joven, de pie junto a él, vestida de blanco, con el pelo cayendo por su espalda. No tenía la apariencia de un fantasma; su cara era hermosa y parecía tener alrededor de veinticinco años. Kyuzaemon, cogido por sorpresa y muy alarmado, exclamó:
- ¿Quién eres tú y cómo has entrado? ¿Dónde has dejado tus getas?.
- Puedo entrar donde quiera y cuando se me antoje, -dijo la figura-. Yo soy la mujer a la que no querías dejar entrar. No necesito getas; me muevo con los remolinos de la nieve; a veces incluso vuelo por el aire. Voy de camino a visitar la siguiente aldea; pero el viento se ha vuelto contra mí. Por eso quería que me dejases descansar aquí. Si me lo permites te prometo que me iré tan pronto como el viento amaine. En cualquier caso me habré ido por la mañana.
- No me importaría dejarte descansar aquí si fueras una mujer normal. De hecho me sentiría contento; pero me asustan mucho los espíritus, al igual que a mis antepasados, -dijo Kyuzaemon.
- No tengas miedo. ¿Tienes un butsudan?, -dijo la figura.
- Si, tengo un butsudan, -dijo Kyuzaemon-. ¿Pero para qué quieres saberlo?
- Dices que tienes miedo de los espíritus y de lo que yo pueda hacerte. Quiero presentar mis respetos a las tablillas de tus antepasados y asegurar a sus espíritus que nada tienes que temer de mí. ¿Puedes abrir el butsudan y encender la lamparilla?.
- Si,-dijo Kyuzaemon, temblando de miedo-. Abriré el butsudan y encenderé la lámpara. Por favor, reza también por mi porque soy un hombre desafortunado al que ha abandonado la suerte. Pero debes decirme a cambio quién y qué espíritu eres.
- Quieres saber demasiado, pero te lo diré, -dijo el espíritu-. Creo que eres un buen hombre. Mi nombre era Oyasu. Soy la hija de Yazaemon, el que vive en el siguiente pueblo. Mi padre, como quizá sepas, es un granjero, y acogió en el seno de su familia y como esposo para su hija a Isaburo. Isaburo es un buen hombre; pero a la muerte de su mujer, el año pasado, abandonó a su suegro y volvió a su antigua casa. Esa es la razón principal por la que voy a buscarle y recriminarle por su acción.
- Entiendo, -dijo Kyuzaemon- que la hija que se casó con Isaburo ¿fué la que pereció el año pasado en la nieve?. Si es así, entonces tu tienes que ser el espíritu de Oyasu, la esposa de Isaburo.
- Si, así es, -dijo el espíritu-. Yo era Oyasu, la esposa de Isaburo, quien murió el año pasado en una ventisca, de la cual mañana se cumple el aniversario.
Kyuzaemon, con manos temblorosas, encendió la lámpara del pequeño butsudan, murmurando “Namu Amida Butsu; Namu Amida Butsu” con un fervor que nunca antes había sentido. Hecho esto, vió avanzar la figura de la Yuki Onna, Espítu de la Nieve; pero no se oía el ruido de sus pasos mientras se deslizaba hacia el altar.
Kyuzaemon se retiró a la cama, donde cayó dormido en seguida; pero luego le pareció escuchar la voz de la mujer despidiéndose. Antes de tener tiempo de incorporarse, ella había desaparecido, sin dejar huella. La luz aún ardía en el butsudan.
Kyuzaemon se levantó al romper el alba y fué a la siguiente aldea para ver a Isaburo al que encontró con su suegro, Yazaemon.
- Sí, -dijo Isaburo-, ha sido un error abandonar al padre de mi esposa cuando ella murió, y no estoy sorprendido de que en las noches que nieva se me aparezca continuamente, como un reproche, el espíritu de mi esposa. Esta mañana, muy temprano, la he visto otra vez y he decidido volver. Hace escasamente dos horas de ello.

Haciendo cábalas sobre lo ocurrido, Kyuzaemon e Isaburo cayeron en la cuenta de que el espíritu de Oyasu, después de abandonar la casa de Kyuzaemon, habia ido directamente a ver a Isaburo y estuvo con él hasta que éste prometió volver a la casa de su padre y confortarle y cuidarle en su ancianidad.

Acuarela